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Reportaje Especial   

LOS “NIÑOS FANTASMAS” DE COLIMA, ¿OTRO EUFEMISMO DE LA CUARTA TRANSFORMACIÓN?

5 de abril de 2019

Por: Luis Enrique López Carreón, Dirigente del Movimiento Antorchista en Colima.

No tema usted, amigo lector, no voy a abordar aquí ninguna de esas narraciones extraordinarias de tipo Edgar Allan Poe - escritor estadounidense especialmente recordado por sus cuentos cortos de terror -. Tampoco transcribiré aquí ninguna de las tantas narraciones que se cuentan, de sucesos sobrenaturales en la capital colimense. Nada de eso. Sólo voy a referirme al eufemismo llamado “niños fantasmas”, creado por el Gobierno federal del licenciado López Obrador, para justificar la cancelación de las guarderías de todo el país, mejor conocidas como Estancias Infantiles.

Lopez Carreon

No hace mucho, casi desde el momento mismo en que el licenciado López Obrador asumió la presidencia de la república, acuñó un eufemismo ad hoc a su interés, en su política de exterminio de toda agrupación u organización social, que considerara no grata o estorbosa, para su novísimo proyecto de nación. Fue así como conocimos el término lopezobradorista de “intermediaria”, para referirse a las organizaciones, en contra de las cuales, buscaba - y busca aún -, suscitar el odio y la descalificación mediática, como preámbulo a la represión y su exterminio. Así fue también como conocimos a “La Antorcha Mundial”, compañera infalible ya en el discurso aniquilador del señor Presidente.

Pues hace unos días, leí en Colima un nuevo eufemismo: “niños fantasmas”, dijo así la Delegada Estatal de los Programas de Desarrollo, Indira Vizcaíno, para no referirse por su nombre y apellido -no queda claro el porqué -, a los que, según ella y sus informes, malversaron y desviaron los dineros destinados a 564 niños y niñas de todo el estado que, son a los que la licenciada llama “fantasmas”. ¿Por qué el término despectivo y excluyente hacia los niños? Tampoco lo sabemos.

Algunos medios locales titularon así las declaraciones de la licenciada Indira: “564 `niños fantasmas´ en estancias infantiles de Colima” (adcolima.mx), y la delegada precisó: “Al concluir el análisis y revisión de los beneficiarios que en Colima había respecto los apoyos a estancias infantiles, […] fueron al rededor de 564 casos en donde no se encontró al menor beneficiado o a sus padres, cifra que significa el 13% del padrón total” (Íbid). Por datos proporcionados al mismo medio citado, por el exdelegado de la extinta SEDESOL, sabemos que hasta diciembre del año pasado, operaron en el estado 147 Estancias Infantiles con 4 mil 259 niños y niñas, lo que da un promedio de 29 infantes por cada una. Si los datos que da la delegada Indira son ciertos, resultaría que los “niños fantasmas” representarían algo así - tomando en cuenta el promedio dado -, como 19 Estancias Infantiles. Y si tomamos en cuenta, que por cada niño, se les pagaban el año pasado, $950 pesos mensuales, y suponiendo que los niños fueron “fantasmas” durante todo el año 2018, resultaría que, el desvío sumó algo así como, 6 millones 429 mil 600 pesos, sólo del año que recién terminó.

Ahora bien, conociendo ya el tamaño del daño económico tal como lo suponemos, volvamos a las preguntas: ¿son ciertas y comprobables las cifras que da la Delegada? Y si lo son, ¿por qué habla de “niños fantasmas” y no de los nombres de los adultos que desviaron tantísimo dinero? y, ¿por qué lo denuncia ante los medios y no lo hace ante las instancias judiciales correspondientes? Y, si no son ciertos sus datos y no los puede probar, ¿qué busca hablando de “niños fantasmas” en Colima? Yo lo pregunto porque, estoy completamente seguro que somos miles los colimenses que nos gustaría mucho, que pagaran ante la ley, todos aquellos que robaron en nombre de los niños y las niñas de Colima. Pero, también nos gustaría, que, de no poder probarse tal acusación, mejor sería que dejen en paz a los niños, y se busquen otros mecanismos menos ofensivos de la niñez, para golpearse políticamente en busca de adeptos electorales.

Pero, si es de niños de lo que quieren hablar, permítaseme entonces traer aquí, a otros niños que, por su situación de abandono oficial, también “parecen fantasmas”. Me refiero a los niños víctimas del trabajo infantil.

En el primer semestre del año pasado, circularon en la prensa nacional datos relativos al trabajo infantil, en estos datos, se dijo que, no obstante su tamaño demográfico, Colima ocupaba el quinto lugar nacional en el listado de entidades con mayor tasa de trabajo infantil, con un 17.3 por ciento de niños de entre 5 a 17 años de edad, que realizan algún tipo de empleo. Se dijo que los datos proceden del Módulo de Trabajo Infantil (MTI) 2017, difundidos en la página electrónica del INEGI. Si sabemos que la población infantil de Colima, de entre 5 a 17 años, sumaban entonces 176 mil 457, vemos que son 30 mil 527 los menores que corresponden al 17.3 por ciento que nos otorga el quinto lugar mencionado. Si pudiéramos juntar a todos esos niños y niñas en un solo lugar, serían tantos como todos los habitantes del municipio de Cuauhtémoc, municipio que conoce muy bien la Delegada Indira Vizcaíno porque fue su presidenta municipal.

Sigamos. El MTI dice que de los 30 mil 527 menores colimenses que trabajan, a 18 mil 492 los emplean en ocupaciones no permitidas para su edad, violando con esto, lo estipulado en la Ley Federal del Trabajo; de estos niños empleados, 14 mil 201 reciben como pago por su trabajo, menos de un salario mínimo diario, del resto, a 3 mil 428 menores se les paga entre uno y dos salarios mínimos por su jornada. El informe dice también, que de los 176 mil 457 menores registrados, el 94 por ciento acude a la escuela, lo que nos dice que 10 mil 552 no estudian. Aunque habría que ver en qué condiciones acuden a estudiar los menores que sí van, aquí la pregunta es, ¿qué pasa con todos esos más de 10 mil niños y niñas que no van a la escuela? Una verdadera tragedia.

Los niños y las niñas de todo el país merecen respeto. Pero sólo el pueblo organizado y consciente estará en condiciones de poner a salvo sus derechos, en un ambiente seguro y en paz. Los niños no son “fantasmas” al servicio político de nadie. Y que nadie lo olvide.

   

 

    
 

 


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